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viernes, 6 de mayo de 2016

La pobreza infantil en Argentina afecta al 25 y 32 por ciento de los niños


Un informe elaborado por Unicef Argentina estimó que entre el 25 y 32 por ciento de los niños, niñas y adolescentes (NNA) eran “multidimensionalmente pobres” en 2015. Los datos construidos por la oficina local del organismo de Naciones Unidas están basados en un abordaje amplio del fenómeno que excede a la noción tradicional de la pobreza por nivel de ingresos monetarios.

 Para estimar las “privaciones” que experimentan los NNA en el país se contemplan aspectos vinculados a la nutrición, protección contra la violencia, vivienda, salud, educación y acceso al agua potable, entre otros factores. Los niveles de pobreza identificados en el documento publicado ayer están en sintonía con los resultados registrados por otra medición similar de 2006 realizada por CEPAL y Unicef. En ese momento, la pobreza infantil total ascendía a 28,7 por ciento en Argentina, el tercer registro más bajo de la región después de Costa Rica y Uruguay.

“En los últimos años, Argentina ha avanzado de manera significativa en la ampliación de los derechos del niño. La sanción de la Ley 26.061 y otras numerosas leyes en los ámbitos de protección social, así como la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), establecieron un nuevo paradigma de protección integral y reconocimiento de los niños y niñas como sujetos de derecho pleno”, destacan los autores del documento Bienestar y pobreza de la niñez y la adolescencia.

Por eso, los investigadores advierten que a pasar de las elevadas tasas de crecimiento registradas y las mejoras en las condiciones de vida, “los niños todavía experimentan brechas entre el derecho formal y su ejercicio efectivo según el lugar donde nacen y las características socioeconómicas y laborales de sus hogares”. Problemáticas que son relegadas de las mediciones tradicionales.

Las limitaciones entre las estimaciones tradicionales para la pobreza por ingresos habilitaron al desarrollo de indicadores que contemplen una mayor cantidad de variables/dimensiones estructurales de otra forma ignoradas en las estadísticas. Entre un 19 y 22 por ciento de los NNA que no son pobres por ingresos, sí caen en esa categoría por las dimensiones no monetarias consideradas en el informe.

Asimismo, un 34 por ciento de los NNA que no son pobres por multidimensionalidad, sí lo son por el criterio de pobreza monetaria. Si solo se utiliza el ingreso para estimar la pobreza, uno de cada cinco niños que para el organismo son multidimensionalmente pobres quedaría fuera del alcance de la medición.

Las privaciones más importantes por su contribución al total son las de acceso a la tecnología de la información y la comunicación (televisión, telefonía o internet), la protección contra la violencia doméstica, el tiempo disponible para jugar y la salud (medido como episodios de diarrea y tos).

Para el informe de Unicef Argentina, esas cuatro dimensiones explican un poco más del 63 por ciento de la pobreza total infantil en el país. El 33 por ciento restante está bastante igualitariamente distribuido pero la nutrición y protección contra el trabajo infantil son las que tienen menos preponderancia en el total.

En ese sentido, se debe advertir que como los datos son de 2011-2012, las estimaciones estarían dejando de lado varias etapas del programa Conectar Igualdad o el alcance de otras iniciativas públicas implementadas después de esa fecha. Incluso si la metodología elegida sobredimensiona el número de NNA “pobres” en Argentina (alcanza con que el hogar carezca de internet para que el niño sea considerado pobre), el informe permite identificar y dimensionar la existencia de distintos factores estructurales que inciden sobre el desarrollo de la población entre 0 y 17 años.

Desde esa perspectiva, los programas de transferencias monetarias como la AUH son fundamentales para mejorar y estabilizar los niveles de ingresos familiares pero no logran penetrar sobre el resto de las dimensiones que hacen a una concepción más amplia de la pobreza.

La investigación encabezada por los economistas Jorge Paz, Javier Curcio y Sebastián Waisgrais, también realiza una aproximación territorial al fenómeno e identifica que la probabilidad de que un niño residente en el noroeste argentino sea pobre es 6,5 veces más elevada que la de un niño de CABA.


La versión del documento publicada ayer no incluyó un anexo metodológico pero el informe explica que el trabajo se realizó a partir de diferentes fuentes de información como la denominada Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados de 2011-2012, los datos de precios e ingresos de aquel momento (actualizados) y otras fuentes disponibles para el año pasado.
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